Fragmento:
(...) Cuando la conoci a primera vista quise besarla, sus ojos fueron los que mas adore, y sus labios en vino pintados, hizo siempre entremecer mi quebrado corazon. En algun momento cuando pienso en ella, se me arroba el corazon, por aun quererla y ella sin saberlo.
Versos Libres: "Los Lunes"
Autor: Xavier Saul ZegarraVersos Libres: "Los Lunes"
Fragmento de "Setiembre Frente al Mar"
Arequipa, Perú - 2018
Los lunes
Tras ser creado en sueños, el tiempo se recostó tras las nubes,
detuvo el vuelvo, y trajo la calma en su absorto alboroto,
bajó las alas entre su cansado volar,
acaricio la calma casi afortunada por asentar ante ella,
el comienzo de una prisa sin prisa,
el corazón enardecido se había quedado, sin ton, ni son,
en el, acallaba la grieta de un tiempo pausado, sin premura,
la distancia entre la caída e improvisto dejo sin aliento al tiempo,
debía acallar la quietud, y a prisa de viento, volver a la carrera,
que no habría necesidad de falta de aliento,
pues ha pedido de orden, dejó ser expulsado sin oposición de su descanso,
y así cayo, por el cielo, entre dos azules, sin destino,
al llegar aquel azul aún sin nombre,
se recostó sobre la su paz.
Con prisa por su sola competencia, escribió en la arena,
ser compuesto en la melodía que dicta el sin parar, de un azul anónimo,
debería haber pausa, pero este golpea las rocas,
acaricia las orillas, por las noches y sus días, sin demora,
sin impuntualidad, es reservado de su propia espera,
quien no exige su puntualidad sin ser dictador, ni señor,
pues aquí, el sentido que llevaba a ser cumplida su rutina no se debía a nadie,
mas que solo al azul, sin tiempo que lo controle,
pero a quien debía tanta atención sino a era al tiempo,
escandaloso e inclemente, golpea una ola tras otra,
sin rendir cuenta alguna, va por la mañana hasta la noche,
en una melodía sin nombre, sin prestar atención a su melodía,
el tiempo, es el todo, en su sentido perfecto,
pues a falta de señor, el tiempo impuso al azul,
una sola melodía, escarbando entre su corazón, le susurro, aceptase su
mandato, y en su calma, este quedo apaciguado,
La brisa era compañera del tiempo, y a su señorío quedo supeditada,
pues entre el comienzo y el fin este era amo de la falta de orden,
con voz de principado ordenó al azul que acallaba,
sonar a melodía triste por las noches, y a estruendo impaciento a la mañana,
era el tiempo señor del mar, y por compañía la briza le acariciaba,
consolando su sentir diezmado, privado de toda voz,
condicionado a la calma, mientras no haya luz a la que cantar las melodías,
y en su sentir el tiempo dejo la mar, controlada, siendo señor de su voz,
y la briza consuelo de inmensidad,
pero acaba por convertirse en amo del azul.
pero no acaba de terminar su destino al borde de una vehemencia autoritaria,
pero no acaba de terminar su destino al borde de una vehemencia autoritaria,
y al cabo de la noche, la vio, la amo, y deseo poséela,
ella ausente de su propio existir, ignoro su voz,
y sin pausa brillaba, y colgaba en el firmamento,
escogía su mirar, si era de entero o de reojo,
debía su luz a la noche casi negra,
debía su luz a la mañana despistada,
pues en el azul la claridad se debía a la paz que dejaba su luz,
en una mirada de par en par,
volando, siempre volando,
Una noche, al pie del azul, una voz acarició su luz,
con los ojos abiertos vio una luz aparecer,
y de un giro, casi inmediato, su luz lo vio,
el tiempo, la veía a ella, tan blanca, de piel y sentir pálido,
pues en el entero sin luz, en la noche clara por su luz,
solo estaba allí, y pidió ser alcanzado por ella,
en su halo menos claro, y allí voló el tiempo, alcanzado por
la diosa pálida, que lo albergaba,
y le susurro, ser más que tiempo, para poder poseer su luz,
pues en el oscuro de la noche debía ser tiempo quien dominara toda luz,
pero ella, silenciosa y bella solo lo miro, atónita, pero en calma,
y en un hilo de luz, el tiempo voló por sus cabellos,
y la miro imponente casi indeleble, eres blanca,
pálida como el claro de luz, pero sin ser luz,
el tiempo era impaciente y en sus preguntas sin respuesta,
no hallaba la salida, no había momento preciso
en que se decidiera, pues en su prisa, bella luna perdía brillo,
y la mañana era próxima,
sin su luz de luna, el tiempo quedo sin respuesta,
voló nuevamente golpeando el azul, que aguardaba su grito,
y que al llegar la mañana imponía todo susurro y aclaraba sin paz,
sin control que le prohibiera reir,
el tiempo era arrastrado por las olas del azul, golpeado a la arena que no era
consuelo de señores, ni de captores,
y allí se quedó el tiempo en busca de luna,
sin poder visualizarla, sin poder ver su claro de luz,
Al terminar el día, y hacerse imponente la oscuridad, luna no volvió a la velada,
se mantuvo a solas la noche, sin la compañía de una muestra luz,
sin luna, el tiempo sentía terminar su señorío, pues sin poder poseerla a ella,
solo imaginaba terminar pausado, para aprisionarla,
para así no perderla de vista, pues en su inmensidad era solo visitante
y en su ego caía la prisa violenta, y sin pausas,
y la mañana era ahora, y sin luna perdido se hallaría el tiempo,
no faltaba modo o precaución para no ser abandonado,
su odio, abatió entre las olas, y al llegar la luz en claro de luna,
subió por la noche apagada, y no pudo verla, no puedo encontrarla,
era preciso que volviera a la olas, que descansara los ánimos,
pero era tiempo, sin haber sido dotado de espera, tiempo, sin inicio y sin fin,
y alli fue el, golpeando las nubes, atravesándolas con violencia,
y al completar el vuelo alli estaba ella, oculta entre el ébano de noche,
pues, ante su poca visibilidad se mantenía extraviada del tiempo,
y el tiempo no era prisionero en su ausencia,
pues ella no aparecía y el no esperaría.
El tiempo, volvía una y otra vez a su lado, como queriendo ser más que tiempo
cuando solo era un momento, y luna distraída de su sola existencia,
escuchaba a un tiempo impaciente, y obstinado,
mientras ella distraída y olvidadiza, sin esfuerzo lo olvidaba
pese a cada visita, incompleta en ocasiones y en otras,
llena blanca y pálida, con luz pero sin memoria,
y el, tonito, del porque su amada sin otro nombre que solo luna,
olvidaba fácilmente, si noche tras noche,
con esfuerzo a que lo recuerde, esta se mantenía sonriente,
clara y en otras menguante, creciente y nueva,
luna de cabellos claros, y de sentires vacíos,
luna nueva, siempre nueva, extraviada por el tiempo…
Al caer la séptima noche, el tiempo resignado a su memoria,
dejándose caer miraba entre su vuelo, en su ultima visita a su amante olvidadiza,
divido por las noches, estremecido por la lluvia y en estruendo de la mar en truenos,
coarto su ciclo de vida, abandonándola en claro de luna, oculta pero clara,
dividiendo su sentir, en los lunes de luna menguante,
se despidió de ella los martes en creciente luz,
y volvió a ser tiempo, escogiendo al azar,
su halo divido, para ser lunes, en que nueva lo volviera a conocer,
jueves para contarle el sentir de su vuelo hacia ella,
y viernes para dejarse caer cuando se mantuviera oculta…
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